23 Junio 2008
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Tracción. Esa es la clave. Pocas veces en la Fórmula 1 hay una palabra que defina tan a las claras la situación por la que atraviesa un equipo. Tracción. Nula tracción. Fernando exprime a conciencia cada recurso del Renault R28 que le han puesto en las manos, pero no es suficiente porque es un coche sin capacidad de tracción, que patina en la salida y ‘trompea’ en cada curva en la que el bicampeón del mundo trata de ganar unas centésimas. De nada sirve el excelente trabajo en los entrenamientos. En la salida, Fernando pierde todas sus opciones porque los neumáticos de su R28 deslizan como si estuvieran sobre una pista de hielo.
Ahí, en la salida, el Toyota de Trulli y el BMW de un conservador Kubica, dejaron claro que Renault está para empresas menores. Entrar en los puntos es suficiente; el podio, una quimera. Fernando, por cierto, no estuvo fino. En el mundo del boxeo se dice que los grandes campeones se tambalean cuando aprenden a caer, cuando alguien les alcanza y les manda a la lona por primera vez. Da la impresión de que a Fernando le están enseñando a caer en Renault. Le han dado un coche absolutamente frágil y el español, en su afán por demostrar que es el mejor, lo está llevando tan al límite que está cometiendo errores impropios en él. Sólo así se entiende que cediera cinco posiciones con respecto a la parrilla de salida y que acabara, por primera vez en toda la temporada, por detrás de su compañero Piquet.
Con Fernando patinando entre curva y curva y sin la presión de un LH que rozó el desastre en varias curvas y acabó, desquiciado, fuera de los puntos, el esperado paseo de Ferrari fue militar. Kimi tuvo problemas con el escape y por eso acabó segundo, tras un Felipe Massa que, asombroso, ya es líder del Mundial. Con el dominio de Ferrari, las tribulaciones de LH, los problemas de Renault y el conservadurismo de BMW, la Fórmula 1 parece un mercado sin talento. Bajo los adoquines, esta temporada, no hay arena de playa.
20 Junio 2008
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Después de quedar fuera de los puntos en tres de los cuatro últimos grandes premios por la probada falta de potencia y fiabilidad de su Renautl R28, Fernando Alonso apela al ‘chovinismo’ galo para que la mala racha acabe en Magny Cours. El equipo francés, en evidente deterioro después de la desastrosa estrategia de carrera que Pat Symonds preparó en Canadá, está obligado a resarcirse en casa de una temporada decepcionante. De ahí que el GP de Francia, que se disputa este fin de semana, sea contemplado con buenos ojos por el entorno del piloto español.
Flavio Briatore sigue vendiendo humo y anunciando mejoras mecánicas y aerodinámicas en el R28, cuyo progreso va a paso de tortuga por los sempiternos problemas de tracción. Así, lo que viene haciendo Alonso carrera tras carrera está siendo casi un milagro. Con un coche prácticamente ingobernable y menos fiable que un billete rojo de 20 euros, el Nano está logrando vueltas espectaculares en las sesiones de calificación y si no ha subido aún al podio en lo que va de temporada tiene más que ver con deméritos del equipo que con su actitud al volante.
A pesar de la incapacidad que está mostrando el equipo hasta ahora, Fernando es optimista para Francia, aunque este soniquete empieza a ser latoso. Confía en las mejoras anunciadas por Briatore y vuelve a cruzar los dedos para que haya alguna carrera accidentada que le sea favorable. Con la sanción a LH por su torpeza en el pit lane de Montreal, el GP de Francia parece cosa de tres: Kimi, Kubica y Massa. El ánimo en Ferrari anda algo alicaído por los malos resultados de las dos últimas citas del Mundial y el exultante estado del polaco Kubica, flamante líder del campeonato, puede terminar por hundir al equipo italiano. Mientras, la batalla de Alonso estará por detrás, intentando mantener el coche en la pista, superar a los Red Bull y los Williams y quitarse la china en el zapato que le ha salido con Heidfeld.
9 Junio 2008
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Probablemente, Fernando Alonso no vuelva a estar tan cerca del triunfo en lo que queda de 2008. Muy probablemente, el asturiano abandone Renault tras una temporada en la que el equipo francés no para de enlazar decisiones desastrosas. Y, seguro, la desilusión que nos llevamos en el Gran Premio de Canadá es la mayor en lo que va de Mundial. ¡Qué fiasco! Tras su magistral calificación del sábado, cargado de gasolina, en una decisión estratégica que hubiesen firmado sus adversarios, Pat Symonds hizo entrar al pit lane a Alonso seis vueltas antes de lo previsto. El resultado no pudo ser peor, ya que salió por detrás de un Heidfeld lentísimo, que terminó por aguarle una carrera en la que, por momentos, se vio con opciones de triunfo.
Fernando, desesperado, intentó adelantar con un coche inferior a un BMW que va como un tiro en las manos de Kubica y no tan fino en las de Heidfeld. El alemán se ha especializado en organizar tapones a su estela y, una vez más, como en Montecarlo, el que lo sufrió fue el Nano. El resultado, un trompo que sacó de la carrera al asturiano cuando rodaba tercero. Antes, el show lo montó LH. El Safety Car le perjudicó ligeramente y, frustrado porque sus mecánicos le relegaron al tercer puesto (por detrás de Kubica y Raikkonen) tras un pésimo repostaje, se llevó por delante a Kimi cuando el pit lane estaba cerrado. El finés le recriminó su acción y LH se molestó, como si hubiera que reírle su torpeza. Con Massa y Kovalainen en su más puro estilo de segundones, la carrera fue un paseo para Kubica, que venció con una autoridad insultante. El polaco ya es líder del Mundial… y subiendo. Heidfeld, horrible todo el fin de semana, se encontró con un segundo puesto absolutamente inmerecido, y David Coulthard, en pleno ocaso de su carrera, pisó el tercer escalón del podio.
Sin fe, sin apenas ilusión, Fernando aceptó su error tras la carrera pero tiró con bala contra los estrategas de Renault. Sabe que le impidieron luchar por el triunfo y eso será determinante en su decisión de abandonar el equipo galo tras esta temporada aciaga. Ferrari se mueve; BMW, Honda y Toyota, también. El Nano busca asiento y hay muchos equipos que desean dárselo.
6 Junio 2008
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Después del enésimo sinsabor que nos llevamos tras el GP de Mónaco, el Mundial de Fórmula 1 abandona la vieja Europa, cruza el charco y aterriza en la enorme, despoblada y bilingüe Canadá. El circuito Gilles Villeneuve de Montreal, que guarda similitudes con el de Montecarlo, aparece en el horizonte de Fernando Alonso como un reto casi imposible, ya que es el trazado que peor se adapta a las (malas) condiciones de Renault R28.
Sabedor de las enormes carencias de tracción y potencia de su monoplaza, Fernando anuncia que volverá a optar por una estrategia arriesgada, por lo que el ciento por ciento de las opciones de éxito del asturiano están en unas manos caprichosas: las del azar. En un trazado en el que los incidentes suelen ser habituales, Alonso sabe de la importancia del Safety Car, que puede modificar los resultados a su antojo con apariciones en momentos clave y por eso su desmesurado riesgo puede no resultar descabellado. En cualquier caso, en condiciones normales de carrera, el Nano volvería a pelear por un séptimo puesto para el que los Red Bull y los Williams presentan mejores credenciales que Renault, en creciente descrédito. Los Ferrari y LH volverán a discutir el triunfo… con el permiso del ‘elegido’ Kubica, que el año pasado salió ileso de un accidente terrible en este mismo circuito.
Competición al margen, la noticia es Kimi Raikkonen. Ya decíamos en algún post anterior que el finés parece hastiado, como si el vértigo de la F1 calentara en exceso su trabajada imagen de hombre frío. Es prácticamente seguro que el de Ferrari abandonará el Gran Circo a finales de 2009… si no lo hace antes. Cada vez parece más claro que si esta temporada no consigue el éxito esperado a lomos de su ‘cavallino rampante’, el año que viene dejará libre su monoplaza. Sutil y Vettel parecen los mejor colocados para reemplazarle, pero el viejo sueño de Montezemolo vuelve a aparecer como una pesadilla para Jean Todt: Alonso vestido de rojo.